Estoy sentado observandola, se retuerce sobre si misma, el fuego la consume y mis ojos no pueden apartarse de ella.
La llama es intensa y se siente su ardor al rededor. El fuego me abraza como tus besos en la madrugada.
Me siento tan sólo y a la vez contigo.
El humo copa el ambiente y mi cuerpo no puede seguir, pero su fuego se apodera de mi ser y ya no soy dueño de mi cuerpo. Su belleza me domina y en ella me encuentro con mi ser. Mi alma se libera a su encuentro en un intento desesperado por volver con ella.
domingo, 10 de enero de 2010
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